Legítima y necesaria defensa de la familia

La marcha convocada por la Iglesia Católica para demostrar nuestro apoyo a la familia es una legítima manifestación de las más sentidas convicciones y los más arraigados valores de los costarricenses.

Fue además una manifestación necesaria.

Costa Rica es una nación asentada en la cultura cristina, en la cual la familia es la célula fundamental de la sociedad.

En todas nuestras Constituciones, desde el Pacto de Concordia hasta la que nos rige, se invoca a Dios y se confiesa la religión católica. Se puede válidamente discutir sobre la conveniencia o no de esta confesionalidad en la época actual, pero no cabe discusión de que esa inalterada continuidad en nuestras Constituciones refleja las profundas raíces católicas de nuestra cultura.

Y central a esa cultura cristiana es la defensa de la vida, su concepción de la familia fundamentada en el matrimonio de un hombre y una mujer, y los derechos y deberes de los padres, prioritarios y anteriores al Estado, en relación con la educación de los hijos.

La Constitución “Gaudium et spes”, del Concilio Vaticano II, señala: “La salvación de la persona y de la sociedad humana y cristiana está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar” (No 47,1).

Y así lo recoge el Catecismo de la Iglesia Católica que señala: “1653 La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educación. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos. En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida”.

Por defender la vida, la familia, el matrimonio entre hembra y varón, y la autoridad y responsabilidad prioritarias de los padres para la educación de los hijos, la marcha de ayer defiende las bases mismas de la cultura costarricense. Es por ello una marcha legítima, convocada en domingo para no interrumpir las tareas cotidianas y para, al celebrar la Santa Misa, invocar la ayuda de Dios en defensa de nuestros valores y agradecerle los dones que con esos valores nos ha reglado.

Fue también una manifestación necesaria pues hay grupos que pretenden imponernos reglas de conducta e instituciones que atentan contra esos valores cristiano-costarricenses.

Las personas en nuestra república democrática pueden válidamente sustentar creencias y propugnar el establecimiento de concepciones distintas a las que sustentamos la mayoría. Pero solo pueden hacerlo respetando las reglas básicas de convivencia social, sin violencia y sin impedirnos a los demás defender nuestras convicciones.

Quienes conformamos la mayoría debemos ser respetuosos y tolerantes con quienes piensan diferente a nosotros. Pero no tenemos por qué ser pasivos, ni menos renunciar a manifestar y defender nuestras creencias y valores.

Fuente: Diario Extra

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