Cruda realidad / Bermudas, el ratón que rugió contra la tiranía LGTBI

Quienes proyectan el fin de la familia como último baluarte de resistencia al poder, saben que si una sola de sus medidas resulta reversible, todas lo serán. El primer paso lo ha dado Bermudas al tumbar el matrimonio homosexual. Ergo… hay vuelta atrás.


Creo que saben cómo va la cosa, cómo funciona nuestro sistema.

La izquierda gana unas elecciones e introduce una medida aún más loca que las anteriores, un paso más de ingeniería social que niegue la naturaleza, destruya aún más la familia, desprecie la vida humana y nos desligue de nuestras raíces culturales. Lo que llaman “estar en el lado correcto de la historia”.

La derecha protestará en el Parlamento, hasta que llegue al poder, momento en que consagrará la medida de que se trate, haciéndola propia. Hasta otra, porque el progresismo no puede parar, sencillamente.

La idea es que el monstruo solo sabe avanzar hacia la izquierda. Las medidas de la derecha, cuando las hay, son efimeras; las de la izquierda son permanentes: divorcio express, aborto, revisionismo histórico, leyes de paridad, secularización vengativa, leyes de género, matrimonio entre personas del mismo sexo…

El pequeño país caribeño entrará en la Historia por ser el primer país en abolir el matrimonio gay, como han podido leer en Actuall

Están aquí para quedarse; son ‘avances’ que, como les encanta repetir, ‘no tienen vuelta atrás’.

¿O sí? Bermudas es un pequeño país del Caribe, insignificante en el concierto de las naciones,que entrará en la Historia por la puerta grande al convertirse -algo perfectamente posible- en el primer país en abolir el matrimonio gay, como han podido leer aquí.

Aunque hay un precedente: Eslovenia, aunque en aquel caso fue no por una decisión gubernamental, sino por un referéndum, que dijo “No” al gaymonio.

Hace menos de un año, el ‘matrimonio igualitario’ se convirtió en ley por decisión judicial. Ya hemos visto antes esto; de hecho, Irlanda fue el primer país en votar a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.

La idea es tan absurda que en ese país a la vanguardia de todas las modas sociales disparatadas, Estados Unidos, una treintena de Estados sometieron a referéndum la medida y otras tantas fue rechazada por una mayoría. Incluso en la progresista California.

Al final tuvo que venir, como empieza a ser costumbre, el Tribunal Supremo para leer en la Constitución el inalienable derecho de todo ciudadano a casarse con alguien de su mismo sexo, ignorando con progresista arrogancia la voz de las urnas.

Cómo pueda leerse en un texto de finales del S. XVIII semejante ‘derecho’ invita al escepticismo y a las acusaciones -que abundan en el país- de ‘dictadura judicial’. Pero, al fin, hay que recordar que ese mismo inapelable tribunal fue el que impuso otro desconcertante derecho hallado en la Carta Magna: el derecho al aborto.

Tampoco en nuestro país se ha votado una medida bastante más crucial que cualquier independencia, algo que altera la raíz misma de la institución en la que se ha basado nuestra sociedad a lo largo de la historia.

Sí, sí: la Asamblea de Bermudas tratará de aplacar a la comunidad LGTBI (como si se pudiera) aprobando una  Ley de Asociación Doméstica que, al tiempo que les reconoce una serie de derechos, aprovecha para blindar el matrimonio entre hombre y mujer como único posible.

Los detalles pueden leerlos en el artículo de Juan Robles, pero lo verdaderamente importante no es que un país diminuto e insignificante ha aprobado tal o cual ley, buena, mala o regular. Eso sería una anécdota indigna de reseñarse en una publicación.

No, lo que hace magnífica la noticia es que se trata de la prueba de que sí hay vuelta atrás.

¿Por qué llevamos tantos años enzarzados en un combate ceñudo y triste para retrasar todo lo que podamos esta implacable marcha hacia el abismo, hacia el suicidio civilizacional?

Este reproche me lo dedico especialmente a mí misma, que demasiado a menudo me dejo llevar por la desesperación ante la aplastante propaganda del pensamiento único.

Cuando toda la marcha de la historia se dirige a un callejón sin salida; cuanta más y más gente empieza a resentirse de las heridas de los experimentos sociales, ¿por qué no habría de poderse dar marcha atrás?

Pero, ya ven, se puede. En realidad, ni siquiera es impensable, ridículo o complicado. Cuando toda la marcha de la historia se dirige a un callejón sin salida; cuanta más y más gente, sobre todo en las nuevas generaciones, empieza a resentirse de las heridas de todos estos experimentos sociales, ¿por qué no habría de poderse dar marcha atrás?

Por supuesto, la resistencia va a ser tenaz, porque quienes aplican estos planes, quienes proyectan el fin de la familia como último baluarte de resistencia al poder, saben que si una sola de sus medidas resulta reversible, todas lo serán; si se empieza a dar marcha atrás a este experimento suicida, la sociedad no va a detenerse en el primer y tímido paso.

Dicen que la hora más oscura de la noche es justo antes de amanecer. Y no tengo que decirles que esta hora es muy, muy oscura.

Fuente: Actuall

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